lunes, 12 de diciembre de 2011

Pablo de Tarso (III): su conversión

Aproximadamente hacia el año 36, tuvo lugar un hecho que cambiaría la historia del cristianismo: la conversión de San Pablo, que el nunca llama "conversión" sino "vocación" o "llamada".

            Saulo (o Pablo) de Tarso era un joven fariseo que se dedicaba a perseguir y encarcelar cristianos y que acabó pasándose al enemigo para convertirse en el mayor difusor de la joven iglesia. Veamos lo que cuenta él mismo de su pasado:
Yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios (1 Corintios 15:9)
Fariseo según la ley, perseguidor celoso de la iglesia (Filipenses, 3:6)
Estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres (Gálatas 1:13-14)
Según los Hechos de los Apóstoles, la conversión de Pablo fue de este modo:

De repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” El respondió: “¿Quién eres, Señor?” Y él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.”… Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. (Hechos 9: 3-8)
Como puede verse, la famosa caída del caballo se debe a la iconografía, pues no aparece en los textos y se trata de un anacronismo

En sus cartas, Pablo no narra su conversión, pero dice algo muy interesante. Por un lado, declara haber visto a Jesús. Ejemplos:  en último término [Jesús] se me apareció también a mí, como a un abortivo” (1 Corintios 15:8); “¿acaso no he visto yo a Jesús?” (1 Corintios 9:1)
Por lo tanto, si presumimos que no miente, podemos afirmar que vio algo que interpretó que era Jesús. Y hay algo más, lo que vio e interpretó como Jesús, no parece que fuese una visión de un hombre normal, pues dice que Jesús tiene un cuerpo "glorioso" (Filipenses 3:21)
También tenemos en sus cartas un testimonio de primera mano muy interesante: 
Sé de un hombre en Cristo que hace catorce años - si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe - fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre...  fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar…Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne (2 Corintios 12:2-7)
¿Se refiere este texto a su conversión? Es posible, aunque no seguro. La mayor dificultad es la cronología, aunque Pablo emplea en sus cartas números simbólicos como el tres, el catorce (dos veces siete), cuarenta menos uno, etc.
Su conversión se ha intentado explicar científicamente. Así, se ha sugerido que pudiera tratarse de epilepsia del lóbulo temporal derecho, enfermedad que puede provocar que se vean luces y sensaciones placenteras. Se cree que esta es la explicación científica de los éxtasis de Santa Teresa.
El inconveniente de esta hipótesis es que en este tipo de alucinaciones suelen ser interpretadas de acuerdo con las creencias personales de uno mismo, mientras que, en el caso de Pablo, su visíon (por no ser médico, quiero evitar términos como "alucinación") fue interpretada como el líder de los hombres y mujeres a los que perseguía pasándose al enemigo.
La hipótesis científica favorita de los simpatizantes de los movimientos new age -aunque el primero en proponerla fue un psicólogo no sospechoso de esoterismo cuyo nombre no recuerdo- es que Pablo tuvo una experiencia cercana a la muerte.
La imagen típica de estas experiencias, que unos interpretan como un tránsito al más allá y otros como alucinaciones provocadas por el cerebro moribundo y con explicación científica, es una luz al final de un tunel, aunque hay algo más. Así, en la prestigiosa revista médica The Lancet el Dr. Pim van Lommel, cardiólogo holandés, escribió que: 
·        Transforman a la persona que las vive. Y lo hace en un sentido positivo.
·        Casi la mitad de ellos percibe un florecimiento enriquecedor de sus relaciones personales, una inquietud por la búsqueda de respuestas trascendentales y una entrega absoluta hacia los demás.
·        Además, casi dos de cada tres pierden el miedo a la muerte.
·        Como dato más que significativo, el 70 % se separan de su pareja sentimental un tiempo después (Pablo estaba soltero, no tenía interés en el matrimonio y recomendaba no casarse). 
·        En realidad, transforman tanto que después de vivirlas surgen otras personas que encajan mejor con las nuevas inquietudes, porque quien las vive es una persona diferente desde la experiencia.
          Uno que es historiador y no médico, no se atreve a pronunciarse. Me limito a aportar los datos que tenemos sobre su conversión -probablemente escasos para un diagnóstico médico- y algunas de las hipótesis propuestas.

Saludos cordiales,

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